¿Ladrillos de nopal que no contaminan? ¡Se le ocurrió a un michoacano y funcionó!

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ladrillo nopal javier guillen

Después de un largo proceso de investigación, Javier Guillén logró construir en Tzintzuntzan, Michoacán, una casa con ladrillos fabricados con baba de nopal. Como los antepasados purépechas, descubrió las propiedades de esta cactácea milenaria.

Además de evitar la humedad, el ladrillo de nopal es hasta tres veces más ligero que uno convencional y evita la emisión de millones de toneladas de dióxido de carbono.

Conoce la historia de este doctor michoacano que desarrolló una alternativa ecológica para la construcción y para ayudar al medio ambiente.

Todo inició hace unos años, cuando Javier Guillén estudiaba un doctorado en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Buscando ahorrar energía en sus procesos, un grupo de ladrilleros michoacanos acudió para realizar un estudio de los suelos y materiales utilizados.

Guillén tomó el proyecto y mientras investigaba, notó el alto deterioro ambiental que genera la construcción de ladrillos. Desde hace años, las ladrilleras prenden sus hornos con materiales tóxicos como llantas, aceite quemado, ropa u otros materiales.

El humo generado representa un alto riesgo para la salud de quienes laboran en estas fábricas, además de tener un alto impacto ambiental para las comunidades cercanas y para el medio ambiente en general.

Preocupado por la calidad del aire y el efecto invernadero, Guillén asume el reto de crear un ladrillo que no necesitara cocción. Para ello, busca un material natural que sea adecuado para construir un tabique resistente.

michoacano produce ladrillos con nopal

Foto: Gaceta UNAM

Hijo de un albañil, Guillén estaba familiarizado con los procesos de construcción. Curioso por naturaleza, descubrió que los indígenas utilizaban la baba del nopal para fijar los muros de sus construcciones. Así desarrolla un tabique con baba caliente y cal, relleno con residuos sólidos como plástico, papel y tierra de suelos infértiles que no tienen ningún uso.

Con una alta resistencia, este innovador producto puede soportar una compresión de hasta 12 toneladas, mientras el ladrillo convencional apenas resiste cuatro. Además, este tabique aisla el ruido, absorbe la humedad y al no requerir combustible, ahorra energía y dinero en su hechura.  

Cinco años después de construida y en contra de todos los pronósticos de su familia,  la casa que construyó en Tzintzuntzan sigue en pie y ahora su invento se encuentra en proceso de una patente. Mientras tanto, Javier Guillén continúa trabajando para perfeccionar este ladrillo que pinta un futuro promisorio en la tarea por construir un planeta más verde.

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