Tesoros bajo el agua: el lado sagrado de los cenotes

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Tesoros bajo el agua: el lado sagrado de los cenotes

Cuando el diplomático estadounidense Edward Thompson comenzó a extraer los primeros tesoros de oro y jade del fondo del Cenote Sagrado en Chichen Itzá, confirmó con sus propios ojos las leyendas que por siglos habían rodeado de mística a ese lugar.

Las historias hablaban de ceremonias y rituales de los antiguos mayas que se realizaban en aquel lugar. Supuestamente, los sacerdotes arrojaban valiosas ofrendas al cenote para agradar a Chaac, el temible dios de la lluvia.

En los años en los que Edward Thompson compró el predio en el que se encontraban las ruinas de Chichen Itzá, la antigua ciudad tenía siglos deshabitada y la selva la había engullido casi por completo. ¿Cómo sabía Thompson de estos rituales y en dónde buscar el tesoro?

La respuesta se encuentra muchos años atrás, en una expedición que Fray Diego de Landa realizó a la zona a mediados del siglo XVI. El misionero franciscano habló con los ancianos mayas que vivían en las cercanías, quienes le contaron secretos ancestrales que habían sido pasados a través de las generaciones.

Algunas de las cosas que los ancianos revelaron a Diego de Landa

Chichen Itzá había sido una deslumbrante capital maya, cuyo dominio cultural se extendió por toda la península. Para los mayas, los cenotes eran sagrados, ya que creían que eran un medio de comunicación con el mundo de los dioses. Debido a este carácter sagrado, los cenotes eran sede de ceremonias religiosas de gran importancia.

Durante estas ceremonias, los mayas realizaban sacrificios en los cenotes, tanto de animales como de seres humanos. Al considerar la vida como lo más valioso, ellos la ofrendaban a Chaac. Otras ofrendas que se arrojaban al agua en estas ceremonias eran objetos de oro, jade, bronce y piedra, entre otros materiales.

Fray Diego de Landa registró esta información en sus crónicas de la Península de Yucatán. Fue gracias a él que las historias de un gran tesoro escondido en el Cenote Sagrado de Chichen Itzá sobrevivieron hasta el siglo XIX, época en la que Edward Thompson llegó a Yucatán.

El resto es historia

Thompson vendió casi todo su tesoro al Museo Peabody de Harvard, que regresó la mitad del lote al Museo Nacional de Antropología e Historia en 1970. Otra porción más fue devuelta en 2008, de la cual una buena parte de exhibe actualmente en el Museo Regional de Mérida.

El oro no fue lo único que Thompson encontró bajo el agua. Fragmentos de esqueletos, sobre todo niños menores de 11 años y varones adultos, confirmaron las versiones de los sacrificios humanos que los mayas realizaban en los cenotes.

Tesoros bajo el agua: el lado sagrado de los cenotes