Tradiciones Mexicanas: el viaje de los juguetes artesanales

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Juguetes artesanales de México

El viaje de los juguetes artesanales comienza en la imaginación del artesano. De ahí, al juguete le espera un minucioso proceso antes de terminar en las manos de un afortunado niño.

En México, aún existen alrededor de 200 talleres dedicados a fabricar juguetes artesanales. La mayoría están distribuidos en Michoacán, Jalisco, Guerrero, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Guanajuato y el Estado de México.

Pequeñas casas de madera con muñequitos, carruseles, soldaditos de plomo, muñecas de trapo, trenecitos, canicas, matracas, marionetas y, por supuesto, la trilogía de los juguetes competitivos: trompo, yoyo y balero. Estos son los juguetes artesanales que aún se producen y tienen demanda en México.

juguetes artesanales México

Foto: wikimedia.org

En los talleres se utilizan diversos materiales, herramientas y técnicas para elaborar los juguetes. Barro, cartón, papel, madera, fibras vegetales, plomo, chicle, hojalata -son algunos de los materiales más comunes. Las fibras más utilizadas son: tule, carrizo, ixtle, sisal, hoja de maíz y palma.

Después de imaginar -o heredar- un diseño para un juguete, el artesano pone manos a la obra. Con herramientas que pueden ser tan primitivas como un machete y tan antiguas como un telar de cintura, comienzan a dar forma a sus creaciones.

Una vez que el cuerpo del juguete está listo, es momento de pintarlo y darle los acabados correspondientes. Algunos juguetes son trasladados a otros talleres para completar esta parte del proceso.

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Foto: ytimg.com

Cuando el juguete está listo, comienza el verdadero viaje. Gracias a los esfuerzos coordinados de asociaciones y organizaciones de artesanos, los juguetes son adquiridos por distribuidores, quienes se encargan de colocarlos en aquellos lugares en los que podrán ser, finalmente, vendidos.

Muchos juguetes viajan a la Ciudad de México, a lugares como el Mercado Artesanal de la Ciudadela, el Centro Artesanal Buenavista y el Mercado de Sonora. Ahí serán adquiridos por cientos de minoristas, quienes los llevarán de vuelta a sus tiendas a lo largo y ancho del país para exhibirlos ahí.

Otros, se irán de gira. Las ferias siguen siendo uno de los principales puntos de venta de los juguetes artesanales, por lo que muchas piezas recorren distintos poblados del país en busca de un dueño que juegue con ellos.

Algunos juguetes terminan en tiendas turísticas de lugares como la CDMX, Mérida, Oaxaca y Cancún, destinos esenciales de México. De ahí, algunos de ellos viajan a lugares lejanos como Alemania o Japón, como regalos y souvenires; otros, terminan en las manos de algún niño de una comunidad rural cercana a esas ciudades -no muy lejos, incluso, del taller en donde fueron elaborados.

El improbable viaje de los juguetes artesanales de México es un frágil circuito comercial que se sostiene gracias al interés que estos objetos aún despiertan, a pesar de la implacable competencia que representan los juguetes industriales de plástico.

En palabras de Karla Yessenia González Gavaraín, maestra en Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Baja California y autora de una tesis entera acerca del tema, “estos objetos reflejan las condiciones de vida, tradiciones, naturaleza, indumentaria y costumbres de la cultura mexicana.”

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